¿SALVA VIDAS LA MAMOGRAFÍA?

El cribado del cáncer de mama es una de esas actividades preventivas clásicas en la mujer. Habitualmente las mujeres se dejan llevar y se hacen mamografias cada 2 años, la mayor parte de las veces sin cuestionarse mucho su utilidad. En nuestro país la falta de crítica a todo lo que suene a prevención contribuye a reforzar la idea de que la mamografía “salva vidas”, cosa que no parece ocurrir fuera de nuestras fronteras, donde incluso el debate sobre su continuidad salta a los medios de comunicación generales.

 

Los programas de cribado se implantaron en España durante la década de los 90. A falta de una evaluación “oficial” de los resultados en salud, se han publicado varios estudios en los últimos años que tratan de analizar qué impacto puede haber tenido en cuando a disminución de la mortalidad por caćer de mama.

 

Los datos parecen claros: La mamografía puede que salve vidas, pero mucho menos de lo esperado. A efectos prácticos lo que conduce es a aumentar la incidencia, a costa de detectar cánceres en estadíos precoces y localizados (muchos de ellos podrían regresar o no evolucionar a formas agresivas) y modificando muy poco la mortalidad. De hecho, como podemos ver en los datos que hemos analizado procedentes del Instituto Nacional de Estadística (dispositivas 17 y 18), la mortalidad por cáncer de mama parece haber sufrido una curva descendente desde antes de la implantación del cribado en nuestro país. Además, otros grupos de edad que no se han beneficiado del cribado (menores de 45 años y mayores de 70 años) también han visto reducidas las tasas de mortalidad. Por tanto, debe haber otros factores que claramente pueden explicar mejor el descenso en la mortalidad por cáncer de mama en nuestro país que no son el cribado.

 

 

El debate sigue abierto. En Granada, en el congreso iberoamericano de epidemiología y salud pública, tendremos ocasión de revisar ésta y otras actividades preventivas de la mujer. Allí estaremos.

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